Dios, el Más Allá y el Agnosticismo
El problema del hombre: su inteligencia
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El mayor problema del hombre es el haber llegado a un grado de inteligencia tal, que ha llegado a ser consciente de su propia muerte.
Muchos animales de distintas clases y especies, con la evolución, han llegado a poseer un desarrollo, llamémosle superior. Son capaces de interactuar con el ambiente de una manera más profunda que otros. Muchos de ellos tienen además memoria, aunque solo sea de una forma instintiva y así, poder reconocer, por ejemplo, a un enemigo anterior con el que ya se hayan topado. De entre ellos, algunos, se han desarrollado de tal manera que en un vistazo somero, podríamos decir que tienen "sentimientos".
Esos instintos a los que queremos darles un adjetivo de orden superior, les llamamos sentimientos. Así vemos que algunas aves y muchos mamíferos, por ejemplo, defienden a su prole, la cuidan, la limpian, les enseñan a valerse por sí mismos. Incluso, en ocasiones, ante la muerte de un ser cercano, parecen no aceptar la evidencia y dolerse por la pérdida de aquel compañero…
El hombre es el único ser de la Naturaleza que es consciente de su propia muerte, gracias precisamente a su inteligencia. Otros seres llamados superiores, parecen ser conscientes de la muerte de un congénere, pero no llegan a intuir que UN DÍA, más tarde o más temprano, ellos también morirán y desaparecerán para siempre.
El ser humano, hace ya bastantes miles de años, llegó a comprender que a él mismo también le tocaría morir. Precisamente en ese momento (entendiendo por momento una parte relativamente pequeña de su proceso evolutivo) es cuando el hombre se diferenció realmente del resto de los animales y seres vivos.
A partir de entonces empezó a desarrollar ritos funerarios. El jefe de la tribu, así como los más fuertes, al ver la muerte de otros seres e intuir la suya en un futuro, mandaba, que cuando él falleciera se le respetara y sus restos se guardaran para "vivir entre los suyos".
Ante la comprensión de la propia tragedia -su muerte futura-, el hombre empezó a preguntarse si no habría otra vida después de esta que conocemos. No porque fuera una cosa lógica, sino por un deseo inmenso de que todo lo que se tenía -en especial los poderosos-, no se acabara con la muerte… debía de haber, ¡seguro!, otra vida para que no se acabara para siempre cuando uno muriera: lo que uno ve, lo que uno ama, lo que uno disfruta…
Ese deseo, con el tiempo, se fue convirtiendo en un rito y una religión… ¡tal vez existiera un ser invisible superior a quien dirigirse o a quien acudir en el momento de la muerte para que nos guiara hasta esa otra vida!
A ese ser había que agradarle y tenerle contento. Se le atribuían caracteres humanos de virtudes y vicios, y a quien había que halagar para que fuera nuestro amigo en el momento que dejáramos esta vida.
Ese entendimiento que habíamos llegado a tener, debía ser algo especial que los demás seres no tenían y que el ser humano en realidad no procedía de la Naturaleza como los demás seres sino de un plan especial, estaba hecho de una pasta distinta, y tenía un ALMA individual que sobrevivía a la propia muerte y que era inmortal.
Así fue como decidió tener alma….
A ese alma se le fueron añadiendo y adjudicando propiedades sobrenaturales ("por encima de la Naturaleza"). ¡Tal vez fuera posible una vida después de la vida!... ¡tal vez no sería tan descabellado el que nos reencarnáramos…!
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El principio
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Ante ese drama, el hombre ha ido fabricando alrededor de ese deseo imposible, todo un mundo de quimeras y planes adjudicados a un ser superior, creador de las cosas y que nos ha tenido en cuenta desde el principio, para hacernos especiales y superiores a los demás seres y objetos fabricados o creados por él. Todo ello basándose únicamente en ese deseo y en el hecho de cómo nosotros somos conscientes de que puede haber un Dios así, pues nos va a tener especial en cuenta. Este antropocentrismo nos lleva a pensar que ese Dios nos ha hecho a su semejanza, adornándonos con algunas de las virtudes que se le suponen a un ser superior. Tales motivaciones tendrían la consecuencia de que los demás seres creados por Él hubieran sido colocados solo como adorno o servidumbre para el hombre.
Es como si pensáramos que un día ya muy lejano, ese ser superior se hubiera dicho a sí mismo:
"… voy a entretenerme creando unos seres, que como los voy a hacer tan bien o van a llegar conocer tanto el por qué de las cosas, les voy a fabricar un montón de cosas a su alrededor para que se entretengan;… tengo que tener cuidado de que no les falte de nada; tengo que ver quien se porta bien y quien se porta mal según ellos, según su tabla de medir, para que cuando se mueran, darles un premio o un castigo; voy a llevar una gran hoja de datos donde anotar lo que cada uno hace, si se dirige a mí, si me pide cosas, si me alaba;… puedo tener los defectos y las virtudes que les convengan: cruel a veces, vengativo otras, pero lo que nunca me permitirán y creen por encima de todas las cosas, es que voy a ser justo e inequívoco con los "buenos" y, a lo mejor, misericordioso con los "malos".
Por todo ello, el hombre, a lo largo de los siglos ha ido formando en su mente la idea de un Dios creador, tropezando en su explicación y razonamiento de la existencia de ese ser invisible superior, con un sin fin de incongruencias.
Por un lado estaría la idea de un Dios que crea el Universo en un momento dado, o en varios momentos, impone unas leyes para que funcionen las cosas que ha creado y ya no interviene más en su creación. Por otro lado estaría el Dios que crea el Universo e interviene posteriormente, ya sea enviando semidioses o profetas, ya sea motivado por los ruegos y oraciones de los hombres.
En el primer caso, existe una relación inicial de Dios con su creación, pero ya no interfiere nunca más con las cosas creadas. Tanto
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-en el caso de que el Universo se creara por un acto de magia, y, visto y no visto, el Universo no existiera y un momento después existiera, sin dar posibilidades a una evolución, como
-en el caso de que, el Universo tuviera por inicio la creación de la materia, adjudicándole unas leyes para que pueda funcionar sin que se derrumbe sobre sí mismo, se genera en la mente la idea de un ser caprichoso que se dedica a hacer que aparezcan cosas en sus manos y luego las lance lejos de sí, sin que quiera ya saber nada más sobre ellas.
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Esta última visión o posibilidad es muy parecida a la de la creación del Universo actual a partir del Big Bang, hace ahora 15 eones más o menos (quince mil millones de años humanos). Según los conocimientos que actualmente posee el hombre en todas las ramas de la ciencia, el Universo se creó a partir de una "gran explosión" ocurrida hace quince mil millones de años en los que una gran (cuasi-infinita) distorsión de la energía en un punto, el Universo apareció y desde entonces se va extendiendo en el tiempo y en el espacio. Todo ello amasado con unas leyes fundamentales que hacen posible este Universo. Los científicos y los agnósticos llaman a ese principio el Big Bang, los creyentes que admiten la evolución, le llaman la Creación por Dios del Universo.
A efectos prácticos viene a ser lo mismo, dado que caso de que hubiera sido Dios quien diera el empujón a la Creación, si luego no hace nada más por él y se desentiende, dará igual todo aquello que puedan hacer los hombres, le resultará indiferente, porque estará por encima de todos esos temas. Vendría a ser el mismo caso, por ejemplo, de un sabio que dejara en funcionamiento un robot que se moviera en un recinto dado, sujeto a unos programas y luego cogiera un avión y se fuera a otro país, no importándole nada lo que pudiera ocurrirle al robot y a los elementos presentes en el recinto donde se movía.
Cabría preguntarse qué le va ni que le viene al hombre la existencia de un Dios que crea el Universo y ya no hace nada, ni se preocupa de nada, si le rezan, si no le rezan, si son buenos, si son malos…
O el caso contrario, un Dios que de entre todos los planetas, de todos los sistemas solares, de todas las galaxias del Universo, actuara en la Tierra en función de las cosas que hicieran o dejaran de hacer las personas. Es ilógico e irracional creer que hay un ser supremo que, tal vez, va a hacer caso de nuestras plegarias y pensar que va hacer que llueva en tiempos de sequía, contraviniendo las leyes que Él mismo impuso a la Naturaleza. O por el hecho de que dos enemigos, ya sean países, ciudades o personas, se encomienden a Él en ambos bandos, va a inclinar con su varita mágica las cosas para que ocurran al gusto del que mejor le rece…
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Antropocentrismo del Dios imaginado por el hombre
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El hombre, continuamente, cree que todo gira en torno suyo, solo por el hecho de que todo lo que está fuera de él. Durante siglos ha creído que el universo o cielo que él conocía, giraba en torno a la Tierra, cuando la realidad es que somos como una mota de polvo estelar en los aledaños de una galaxia cualquiera de todas las que existen en el Universo y que, por supuesto, ¡no somos ni el centro del Sistema Solar que habitamos…!
Aun suponiendo la existencia de Dios, de la recompensa de una vida mejor, y de un premio o castigo que dará a los buenos y a los malos, estaría fuera de toda lógica,
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-la soberbia y engreimiento del hombre porque piensa que Dios va a estar pendiente de las plegarias para cambiar de opinión
-pensar que Dios, de todo lo creado por él, debe prestar especial atención al hombre y no a los gusanos, el agua, la boa, el perro, un árbol o un chimpancé
-creer que Dios, ante una guerra, va a hacer más caso del que es creyente y le va a ayudar
-o dar gracias a Dios por algo que ha ocurrido a nuestro gusto, porque creemos que Dios ha tenido especial cuidado y ha estado atento a nuestras súplicas
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Incongruencia de los creyentes
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Muchos de los que se dicen a sí mismos creyentes, lo son solo por la razón aludida de que desean que haya otra vida después de esta y la religión aporta una serie de liturgias y parafernalias encaminadas a esa idea. Pocos se han parado a pensar si les llena tales explicaciones.
Prefieren que otros lo hagan por uno mismo. Los creyentes (o la mayoría de ellos), deberían actuar de la siguiente manera bastante lógica:
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1.- Dios existe (axioma o dogma número uno)
2.- Existe otra vida (axioma o dogma número dos)
3.- El hombre es/no es merecedor de un premio o un castigo (cielo o infierno)
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3.1 Si el hombre no fuera merecedor de nada en la otra vida, no valdría la pena esforzarse; si cree o no cree, no sería merecedor de nada; igualmente, si es bueno o malo.
3.2 Si el hombre es merecedor de un premio o un castigo que se supone ha de ser eterno, actúa tontamente, o sin falta de juicio, o no cree lo que dice todo aquel que no se esmere en hacer de su vida un ejemplo de imitación, de su Buda, su Jesucristo, su Mahoma. Valdría la pena dedicar toda la vida (que no es nada en el tiempo comparada con la eternidad) haciendo lo imposible para tener más posibilidades o más premio luego.
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Preguntas que debería hacerse todo aquel que piensa que el hombre es merecedor
de un premio, un castigo, o disfrutar de un Más Allá:
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-¿Qué clase de hombre? ¿El contemporáneo? ¿También el de hace 100.000 años? ¿Y el de hace 200.000, 500.000, un millón, dos millones?
¿El de hace 2 millones no tenía la misma capacidad intelectual de un gorila de hoy?
¿Los niños también son merecedores del cielo/infierno?¿A partir de cuantos años?
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1 de Noviembre de 2005
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He sido una persona que le han gustado mucho las ciencias: Biología, física, química, astronomía (no astrología). He leído bastantes libros de Física cuántica, Nacimiento del Universo, Química orgánica e inorgánica. De paso he leído bastante sobre la evolución.
¿Cómo podemos vislumbrar la existencia de Dios?
Se suelen aportar los siguientes datos o motivos:
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-Todos los pueblos tienen necesidad de un ser supremo. De ahí se deduce que llevamos impreso ya en “el alma” la existencia de Dios
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A ello se puede contestar que los pueblos han endiosado todas aquellas cosas que han desconocido: el dios de la lluvia, el del viento, el dios Sol (RA y otros), Neptuno (el mar), Eolo (el viento), Atlas (sujetaba la tierra), Caronte, etc. Se llegó a excomulgar a la gente por decir que la Tierra no era el centro del Universo. Se ha atribuido la peste a castigo de Dios, se saca en procesión los santos y se ruega a Dios para que llueva, cuando si existiera, también se le debían atribuir a él las leyes de la Naturaleza que causan esos desastres (presión atmosférica, tierra baldía, incendios, etc).
Conforme ha ido avanzando la ciencia, se han ido quitando atributos divinos a las cosas y rectificando posiciones: el sol, los castigos colectivos, desastres de la Naturaleza, heliocentrismo, evolución.
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-Todo efecto tiene una causa: alguien ha habido antes que todos los demás que haya hecho todo, como un reloj su relojero
-La Iglesia ya ha admitido la evolución (aunque “se saca de la manga” el que ha habido un momento en que ha intervenido Dios para infundir el alma)
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Admitiendo como real la evolución de las especies, ¿en qué momento habría intervenido Dios? Diciéndolo de otra manera: ¿a partir de que momento el homínido llamado hombre es un sujeto capaz de recibir un premio o un castigo por sus acciones?
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-¿A partir de que descubrió la escritura?
-¿por que no a partir de cuando empezó a realizar ritos funerarios hace 60.000 años? (tenía una cerebro de 1300 cm3)
-¿por qué el hombre de hace 200.000 años que tenía 900 cm3). ¿por qué no los chimpancés actuales que tienen la misma inteligencia?
-...
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-Este razonamiento se puede tirar hacia atrás todo lo que se quiera, hasta llegar a los delfines, los perros, los ratones, las lombrices, la primera ameba...
-¿No se puede poner una raya en la evolución y decir “de aquí para atrás no son personas, y de aquí para adelante SI”
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-La Biblia: Está escrita para dar una explicación a los hombres.
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-Somos capaces de sentir amor y eso es una cualidad divina que nos hace diferentes
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El amor es egoísta. Cuando una persona dice que es amorosa, capaz de dar amor y de dar su vida por otros, en realidad está satisfaciendo una necesidad que tiene de sentirse mejor: se siente mejor consigo mismo actuando así (mártires, ascetas, , cartujos, Gandi, revolucionarios comunistas que han dado su vida por una idea, etc.). En cuanto al amor a los más cercanos, está la misma explicación u otra menos “ética” como es el satisfacer una necesidad. Los animales son también capaces de sentir amor: los monos, las gallinas. La única diferencia es que nuestro amor es más sutil y evolucionado que el de otros animales y hacemos cosas que parecen más poéticas o altruistas pero es con el fin de satisfacer la necesidad de estar con otro.
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¿Por qué si existe Dios se ha de molestar en darnos ¡¡a los hombres!! un castigo o un premio por nuestras acciones? Desde luego que suponiendo que existiera Dios y nos premiara o nos castigara, habría que tener muy en cuenta aquello de que “Dios no mide con la misma medida que el hombre” o aquello de que “si un padre es capaz de perdonar a un hijo que lo “ha hecho él” (más todavía si es subnormal), Dios que se le supone más perfecto y misericordioso ¿no iba a perdonar seres más imperfectos que El?. Luego todos iríamos al cielo.
En ese caso, también, iríamos todos al cielo, porque todos aquellos que a nuestros ojos son malos (han matado a su padre, han hecho un genocidio, roban), ya llevan en los genes inclinaciones o han pasado infancias que les marcan para toda la vida, o han pasado por situaciones que si nosotros hubiéramos pasado por ellas habríamos hecho lo mismo.
-¿Se supone que Dios además de hombre, también se ha hecho extraterrestre de cualquiera de las civilizaciones que deben existir en el Universo?. Porque entre tantos millones de soles y planetas ¿podemos creer que somos los únicos seres inteligentes del universo? y si aceptamos lo anterior ¿todas las demás civilizaciones han sido tan perfectas que no han necesitado la venida de Dios?
Aparte de la evolución de la vida, está la evolución del Universo: Todas las galaxias están separándose unas de otras a velocidades cada vez mayores. Tirando atrás el tiempo, hace millones de años, estarían mucho más cerca; mucho más atrás estarían juntas, llegando a lo que ha dado en llamarse el Big Bang. Ahí ya vienen los procesos cuánticos de la materia y entonces llega el momento de decir: antes del Big Bang, no existía la materia solo un gran cúmulo de energía concentrada, que en un momento dado perdió su simetría. Claro que en este punto también se puede decir que alguien ha debido crear esa energía. Es en el único momento en que se puede decir que existe la posibilidad de que un ser supremo ha decidido crear el Universo. Claro que un Dios que solo haya participado en la creación del Universo en ese momento, le sobra todo lo demás que se ha dicho aquí.
-Si Dios es el Ser Perfecto, no tiene necesidad de nosotros: no necesitaría de nuestra adoración y alabanza para sentirse bien. Si el Universo lo ha creado el, pasaría de nosotros con lo insignificantes que somos respecto al universo, como nosotros no necesitamos que las bacterias o las hormigas nos obedezcan
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Somos pura química
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-Sentimos atracción física como sienten los animales. A esto se puede alegar que no todo es sexo en el hombre: tampoco lo es en los chimpancés, que juegan, se quitan pulgas, quieren a sus bebés... Hacemos otras cosas y obedecemos (nosotros y los animales, p.e. un perro) porque tenemos miedo de cosas peores. Tenemos sed porque tenemos radicales orgánicos sueltos que están ávidos de hidrógeno y oxígeno
Todo lo anterior no quita para que a mi personalmente, o a muchas otras personas no cristianas, no sea una buena filosofía de vida las enseñanzas del personaje histórico llamado Jesús. Otra cosa es toda la parafernalia montada alrededor de su figura.
1 de Diciembre de 2005
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Tal vez a estas alturas de mi vida haya descubierto el secreto de las sopas de ajo, pero si no es así, me ha ocurrido algo parecido con Vicente Blasco Ibáñez.
A lo largo de mi vida he leído muchos libros, siempre envidiando al autor por la facilidad con la que describe sentimientos, situaciones, emociones, deseos o, tan solo, el decorado de los lugares donde transcurre la obra.
Como buen estudiante que he sido (ya sé que está mal el decirlo, pero es así), yo sabía que Vicente Blasco Ibáñez había sido un gran escritor valenciano de finales del siglo XIX y principios del XX; que había escrito sobre temas valencianos, que era republicano y que ciertos libros suyos han estado prohibidos por la Iglesia Católica...
Pero hasta el verano del año 2003, no me había planteado nunca leer sus novelas, ya que allá adentro pensaba que sería demasiado costumbrista local y que, lo mas seguro, elogiaría en demasía a su patria chica, como yo creía recordar en algunar series de televisión que había visto por los años setenta. Su lectura, de entrada, estaba fuera de mis esquemas, ya que yo siempre me he tildado, y he tenido como un honor, eso de considerarme “ciudadano del mundo”. Siempre he sido contrario a todo aquel que alaba en demasía lo suyo...
La “culpa” de ese cambio de planteamiento la tuvo el cine y la televisión.
Me invitaron al pre-estreno de “Arroz y tartana” en un cine de de Valencia. Al estar rodada la película en los lugares que cita Blasco Ibáñez en dicha obra y ser conocidos por mí, tuve la curiosidad de leer la obra después de ver la película, ya que esta me había gustado.
Ya sé que cuando lees una obra y luego la ves representada, pierde bastante al no poder el cine o teatro traslucir en poco tiempo todo el mundo que es capaz de ser desarrollado en una obra de media o larga extensión.
A mí no me ocurrió eso. Conforme iba leyendo, los personajes y lugares se representaban en mi mente, y tenían rostro y lugar conocidos. Debió de ser que el director de la película llegó captar (a mi entender) el espíritu y el mensaje que quiso poner Vicente Blasco Ibáñez, el caso es que la lectura de la obra me subyugó y me la leí en dos sentadas...
Gracias a esta lectura, pude darme cuenta de la importancia, solera, veteranía y genio de este autor. Del gran escritor que había estado oculto a mis sentidos durante tanto tiempo.
Desde entonces a aquí, digamos que en unos seis o siete meses, me he leído casi todas las obras que escribió este insigne autor, tan desconocido para tantas personas, como lo había sido para mí. Doy gracias a aquella película, porque gracias a ella he descubierto a uno de los autores que mas me ha absorbido en mis horas libres. También me ha servido para recalcarme que no hay que tener ideas preconcebidas de las cosas o las personas, que para poder criticar, alabar, defender o atacar, primero hay que conocer...
A uno, que le gustaría poder destacar un poco en este arte de la escritura, se da cuenta que (ante la talla de escritores como él, todo lo mas que puede hacer es sentir envidia y tirar la pluma. Para llegar a la altura de autores como Blasco Ibáñez hay un trecho muy grande por caminar, hay un genio con el que hay que nacer, hay que saber ver y describir ese pequeño gesto del personaje del momento, encontrar las palabras que expresen tantos matices, tener ese conocimiento de tantas materias que se desarrollan y en los que se mueven los personajes: agricultura, marinería, caza, religión, misería, política, los mayorazgos, las grandes fortunas...
Todo aquel que no lo haya leído todavía, que sepa que tiene ante sí un defensor a ultranza de las ideas repúblicanas y enemigo y batallador de todos aquellos que se sienten maestros de los demás de antemano, y les dicen lo que deben de creer en religión, política, la muerte, el más allá..., así como de todos aquellos miserables que usando ladinamente sus conocimientos, se aprovechan de la ignorancia de los demás.
Sus palabras todavía no han perdido la fuerza ni el sentido después de los años.
¡Gloria y honor al insigne Vicente Blasco Ibáñez!
15 de Diciembre de 2005
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